¿POR QUÉ MIENTEN LOS NIÑOS?

22 de mayo de 2018


¡Eres un mentiroso! ¡Si sigues mintiendo será como el cuento del lobo y no te vamos a creer nunca más! ¡Se pilla antes a un mentiroso que a un cojo!  😡😡.  ¿Os suenan estas frases?  Los niños mienten y los padres también, porque aunque pensemos que sea por su bien, les mentimos en bastantes ocasiones. Pero sin embargo nos da miedo que los niños mientan porque pensamos que el hecho de mentir se pueda instalar en ellos y traerles problemas en el futuro. Pero  ¿Qué sentimos en realidad cuando nuestros hijos nos mienten? ¿Por qué nosotros les mentimos tanto y nos duele o molesta que ellos lo hagan? 
Hay incluso religiones donde el mentir se ve como un pecado mortal y esto lo hemos aprendido e interiorizado a lo largo de toda nuestra vida y ahora, ver las mentirás desde otra perspectiva, cuesta y mucho. Juzgar al mentiroso y educar en el miedo a la mentira, es muy común en la sociedad en la que vivimos.

Desde que le niño empieza a comunicarse hasta aproximadamente los 6 años, especialmente en menores de 4, no hay una intención de mentir como los adultos entendemos e interpretamos la mentira. Los niños  mienten porque no saben decir las cosas de otra manera, pero no tienen el objetivo de hacer creer a la otra persona lo contrario de lo que ha sucedido o se ha dicho, sino que en esta edad, hay una confusión entre lo real externo y lo imaginario y viven en un mundo mágico que  hace que le niño interprete a su manera lo que ha vivido y lo que nos quiere transmitir. Pero la mentira es un proceso evolutivo como tantos otros que tienen los niños.

Entre los 4 y los 5 años, empieza progresivamente a consolidarse la teoría de la mente, que es la capacidad de identificar que las otras personas tienen sus propios procesos mentales y por lo tanto, no son capaces de adoptar la perspectiva de los demás. Pero no es hasta los 6 años cuando finaliza la fase del pensamiento mágico y el niño empieza a distinguir lo que es real de lo imaginario. Hasta entonces, no comprende los procesos mentales del otro y por lo tanto, es imposible que  nos quiera hacer creer algo que no es con la intención de mentir.

Los niños mienten porque pueden estar contando algo que han soñado, algo que desean ver o algo que imaginan. A este tipo de mentiras se las puede llamar pseudomentiras. Estas, también pueden ser la interpretación errónea de algo que ha pasado o la dificultad del niño con el lenguaje a la hora de expresarse y querernos contar lo ocurrido. 

Cuando un niño adquiere la capacidad de mentir” porque ya se ha desarrollado la teoría de la mente, las mentiras cambian de perspectiva. El niño comienza a mentir para experimentar con las emociones del otro, para librarse de un castigo o recibir un premio, para conseguir o evitar algo que quiere,  para imitar a otro o para transgredir una norma. Y aunque se trate de una situación normal y común en el desarrollo evolutivo en estas edades, es importante detectar por qué aparecen las mentiras y corregirlas.


¿Por que motivos miente un niño?


1. Cuando han desarrollado la teoría de la mente,  hay una necesidad de experimentar y poner en práctica esa capacidad de mentir, como ponen en práctica cada proceso que van adquiriendo en su desarrollo. El niño quiere ver cómo se siente el otro cuando le hace creer algo que no es real. Tiene que comprobar lo que la otra persona siente cuando miente.  En este caso, no hay una intención de engaño como nosotros interpretamos el engaño, sino que simplemente están practicando con el sentir de los demás ahora que han descubierto que el otro tiene mente.

2. El niño necesita transgredir la norma. En la mayoría de las familias existe entre otras muchas, la norma de "no mentir" y a través de la transgresión aprenden, comprenden e interiorizar dicho modelo. Aquí no hay una voluntad de engañar en  beneficio propio, sino una necesidad de saber qué pasa cuando transgredo esa norma, porque es lo que les lleva a aprender.

3. La mentira también se puede dar para evitar un castigo o para recibir un premio. Si nos basamos en una crianza basada en premios y castigos, esta  rompe la confianza y deteriora la relación con el adulto, lo que hace que los niños busquen estrategias o bien para recibir un premio o bien para evitar un castigo recurriendo entre otras cosas a la mentira. En este caso, sí que estaríamos en un engaño y habría que revisar la relación y la comunicación con nuestros hijos.

4. Los niños aprenden por imitación. Si observan que una de las personas que tienen como referente,  miente a menudo, por ejemplo para no quedar mal con alguien, por poner una excusa para no tener que hacer algo, por no dar explicaciones, etc, lo van a imitar y aunque para nosotros sean mentiras piadosas que no tengan un mal fondo, los niños aprenden por observación imitando lo que ven  y aplicándolo a su manera.

5. Porque nosotros les mentimos a ellos constantemente aunque digamos que lo hacemos por su bien o aunque pensemos que no se dan cuenta. Podríamos revisar la comunicación y ver la cantidad de veces que mentimos al día

Todas estas opciones son normales y no deben de ser preocupantes salvo el caso de mentir por evitar un castigo o por obtener un premio, porque esto es una señal muy clara de que la relación entre padres e hijos se está deteriorando.

A veces juzgamos a los niños de mentirosos y nos podemos equivocar porque podemos mal interpretar lo que nos están diciendo y creer que es mentira cuando en realidad no lo es, pero en muchas ocasiones, nuestro abuso de poder como adultos no permite al niño dar más explicaciones, debilitándose así la relación. 

Dudar de nuestros hijos rompe la demostración de aceptación y amor incondicional que debemos de tener hacia ellos. Esto hace que el niño  empiece a tener miedo de no ser creído y deje de contar las cosas  que le preocupan a sus seres más queridos, generando mucha inseguridad en él y volviéndose en nuestra contra en cuanto a la prevención de abusos. El niño va a pensar que no le van a creer y por lo tanto dejará de contar las cosas, instalándose así el abuso que esté sufriendo y debilitando a la vez su autoestima.

Sonia Dabalsa




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